Reseña

“TIERRA DE CAMPOS” de David Trueba – ed: Anagrama

Tierra de campos‘ cuenta el viaje del protagonista en un coche fúnebre para enterrar a su padre en su pueblo, y a medida que viaja va recordando toda su vida, mezclando el pasado con el presente, jugando con el tiempo y con los recuerdos. Es una novela que te va capturando, que va tejiendo ese cuento cuyo final no es feliz (no destripo nada: es la segunda frase del libro), y que no solo cuenta la historia del narrador, del protagonista, sino que además narra también la historia de este país.

Es una novela llena de música, porque el protagonista es un chico que empieza a experimentar formando un grupo con el que tocar en el colegio y poco a poco va profesionalizándose. Por eso la narración está llena de canciones, de versos, de historias contadas a través de los discos que publican, de las canciones que compone. Y por ello también es una novela llena de referencias culturales para la generación de la transición. Para quien le guste la música es un disfrute de principio a fin porque cuenta muy bien los entresijos del mundo de las discográficas y las grabaciones.

Pero también es una novela llena de magníficos personajes. Como el padre del protagonista, brutal, lleno de matices. Gus, el amigo, un ser complejo, divertido, transgresor, sensible, frágil, es espectacular, pero también lo es Animal y cualquiera de los integrantes del grupo. O el gran amor del protagonista, Oliva, y su mujer, la japonesa Kei, los amigos de la infancia del pueblo, convertidos en alcaldes, y hasta el conductor del coche fúnebre. Personajes entrañables, bien dibujados, profundos, llenos de aristas, complejos.

Y sobre todo, ‘Tierra de campos’ es una novela llena de historias, que avanzan, que construyen, llenas de sentimiento, de emoción, de humor, que recorren la vida de los personajes, como en una novela iniciática, y que van dejando el poso de amargura, de melancolía, de las vidas que perdemos, de los lugares que recorremos y a los que tal vez no volveremos jamás, o que cuando lo hacemos han cambiado.

Es una novela llena también de tristeza, llena de reflexiones sobre el amor, sobre la paternidad, sobre la amistad, sobre las cosas que nos construyen, sobre las que negamos, sobre las que nos destruyen, sobre el paso del tiempo, sobre la percepción que nos da la edad sobre lo que hemos vivido.

Y mantiene ese pulso narrativo de David Trueba, esa forma de contar las cosas desde diferentes ángulos, a través de una estructura de capítulos cortos, con un hilo temporal que va cambiando, y que terminan por mostrar el cuadro completo, la imagen precisa de esa vida, donde, por muy lejos que estemos de su argumento, podremos reconocernos muchos de nosotros.

Una estupenda novela. Una bella historia, magníficamente narrada. A mí no se ocurre mejor manera de pasar el próximo puente que sumergirme en sus cuatrocientas páginas. Me lo agradecerán.

(Publicado en http://blogs.antena3.com/tiempodesilencio/)

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