Reseña

“Serotonina” de Michel Houellebecq – Anagrama

No puedo evitar leer a Michel Houellebecq. Y me cae fatal. Me parece un misógino y a veces me parece hasta racista, clasista… Y sin embargo luego me doy cuenta de que me está provocando, constantemente, y que estoy cayendo en la trampa. Es canalla, inteligente, provocador, divertido, profundo, y cuando sale el mejor Houellebecq te sumerge en la historia y te termina hiriendo como hiere la buena literatura. No puedes salir indemne de su lectura.

Las novelas de Houellebecq suelen tener una arquitectura parecida: primero te pinta un mundo tremendo en el que parece no haber salida y luego te muestra una pequeña esperanza, una luz a la que agarrarte, para, una vez que has bajado un poco los brazos, golpearte con la fuerza de la desesperanza.

“Serotonina” cuenta la historia de un hombre autodestructivo, solitario y que, sin embargo, tiene la esperanza (por un momento) de encontrar el gran amor, la paz, el sentido, pero que sabe que solo hay una salida. Un hombre que “se está muriendo de pena” y que busca en la química una solución más real y posible, la única forma de sobrevivir.  Está enganchado a un nuevo antidepresivo (“Es un comprimido pequeño, blanco, ovalado, divisible“, así empieza la novela) “que permitía a los pacientes integrar con una facilidad inédita los ritos más importantes de una vida normal dentro de una sociedad evolucionada (higiene, vida social reducida a la buena vecindad, trámites administrativos sencillos) sin favorecer en modo alguno, a diferencia de los antidepresivos de la generación anterior, las tendencias suicidas o de automutilación.
Los efectos secundarios indeseables observados con mayor frecuencia con Captorix eran las náuseas, la desaparición de la libido, la impotencia.

Porque en realidad de eso trata esta novela: de la posibilidad de relacionarse con el mundo, de la posibilidad de encontrar la felicidad, del amor, del deseo, de lo que ocurriría si fuéramos capaces de anularlo, de la imposibilidad de vencer.

Arranca con la certeza de que tiene que dejar de convivir (o lo que quiera que sea eso) con su pareja y con el descubrimiento de unos videos porno protagonizados por ella, con una huida y continúa con el repaso de lo que ha sido su vida sentimental, su búsqueda, sus fracasos y la imposibilidad de volver atrás, y todo ello mezclado con un análisis de la sociedad francesa más actual.

Está llena de referencias culturales, de críticas feroces y divertidas a destacados escritores, lleno de momentos en los que intenta despertarnos a base de referencias al propio lector, de llamadas de atención, de provocaciones, pequeñas y divertidas, y enormes, que nos obligan a movernos en el asiento y hacernos algunas preguntas esenciales. Porque como toda buena novela, “Serotonina” no hace más que plantearnos preguntas.

Hay que leer a Houellebecq.

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