Reseña

“La muerte del comendador” de Haruki Murakami – Tusquets

Esta novela ha sido editada en dos volúmenes pero, igual que esa magnífica portada, de la que no he sido consciente hasta que no he puesto las dos juntas, es una sola, larga, que tiene la esencia de Murakami, todo lo que esperan sus seguidores y todo lo que se pueden encontrar a lo largo de su obra.

Por un lado, las maravillosas reflexiones, pegadas a la realidad, de personas que un día deciden buscar un sentido a su vida y que lo encuentran la mayoría de las veces en su pasado o dentro de sí mismos, gente perdida, profunda, silenciosa, que observa el mundo buscando una respuesta. Y por otro lado ese mundo mágico donde todo es posible, realidades paralelas en lugares que están cerca de nosotros, dentro de un agujero negro encontrado en un bosque que parece una puerta a otra dimensión o simplemente un lugar donde desaparecer, donde entender el mundo hasta el punto en el que da lo mismo salir, como en “La muerte del comendador”, o puertas que dan a otro universo, paralelo, cercano, muy parecido y sin embargo muy diferente al nuestro, como en “1Q84”, o un mundo entero dentro de un pozo, en la oscuridad, o tantos otros.

Por eso esta novela es una magnífica forma de acercarse a la obra de Murakami para quien nunca lo haya leído y un disfrute para quien sea seguidor.

Un hombre es abandonado por su mujer y decide dejar su principal actividad, pintar retratos, y emprender un viaje por el norte de Japón, con su viejo coche, un viaje de búsqueda, de conocimiento, donde conoce a una mujer misteriosa y a un hombre que conduce un Subaru, que será clave. Clave no tanto argumentalmente sino esencialmente, clave en la forma en que son importantes ciertos personajes en las novela de Murakami, donde a veces no importa tanto lo que sucede sino cómo se siente lo que sucede. Clave porque el protagonista se da cuenta de algo esencial, porque, sin que lo sepa, ese hombre del Subaru modifica todo lo que siente y lo que piensa. ¿Cuántas veces nos pasa eso a nosotros y no somos capaces de reconocerlo? Es asombroso como Murakami es capaz de hablar de cada uno de nosotros desde tan lejos o desde su universo mágico.

Viaja hasta que un amigo, hijo de uno de los pintores más importantes de Japón, le ofrece la casa de su padre para que se quede a vivir allí. Y en esa casa descubrirá un agujero excavado en pleno bosque, un lugar mágico y misterioso que vertebrará toda la novela, como una fuente de conocimiento, de reflexión y de cambio. Y en esa casa descubrirá un cuadro esencial y desconocido del gran pintor, y del cuadro saldrá un personaje que se le aparecerá, una idea, que también será clave. Y conocerá a un vecino, un personaje magnífico, que le cuenta una historia sobre una de sus alumnas que también vive cerca de allí, y entre los tres se creará un triángulo asombroso. Y volverá a pintar. Y descubrirá un mundo secreto, mágico, extraño, que le hará viajar por territorios desconocidos, tal vez dentro de sí mismo.

Esta novela es una reflexión maravillosa sobre el arte, sobre la memoria, sobre lo que volcamos de nosotros en lo que creamos, sobre la culpa, sobre lo que sabemos de nosotros mismos y sobre lo que somos capaces de descubrir de nosotros mismos y de los demás, sobre los acontecimientos del pasado que nos han marcado, sobre los mundos que se cruzan con el nuestro y lo modifican, sobre la percepción de la realidad y la posibilidad de salvarnos.

Llena de magníficos personajes, como Menshiki, el vecino, rico, excéntrico, obsesivo, con un pasado turbio y un único objetivo, conocer a la que puede ser su hija, Marie Akikawa, otro personaje impresionante, la adolescente callada que recorre los bosques a oscuras, o su tía, Shoko. Como Masahiko, que cede la casa al protagonista, y su padre el gran pintor Tomohiko Amada, fundamental en el desarrollo de la historia y en su resolución, y hasta Yuzu, la mujer que le abandona, motor de la historia y sin embargo contada en pocos trazos. Llena de historias y de tramas (que terminarán cruzándose) apasionantes, mundos reales, historias cotidianas y mundos mágicos alucinantes.

No quiero desvelar nada porque tiene una resolución asombrosa y, parece mentira, pero Murakami, después de 967 páginas (entre los dos volúmenes) termina la novela de forma abrupta, como si ya no tuviera sentido seguir tirando de la trama, explicando, como si llegados al punto del gran descubrimiento del narrador, ya nada tuviera sentido. No importan los personajes que le han acompañado en el viaje, no importa más que lo que él ha aprendido, cómo ha cambiado su esencia, su forma de ver el mundo, cómo ha crecido definitivamente, y uno se queda con ganas de otras mil páginas más que nos cuenten qué fue del gran Menshiki, y como creció Marie, y qué pasó con ese agujero que dio sentido a todo. De repente la vida pasa por delante en pocas páginas. Ya no hace falta más. Lo esencial está contado. pero nos quedamos con ganas de más. Más Murakami.

Es bueno léerselas del tirón, porque en el primer volumen no acaba nada y del capítulo 32 al final del Libro 1 pasamos al 33 en el comienzo del Libro 2, y es mejor ahorrarse los meses que me he pasado yo esperando esa segunda parte que no era tal, sino mera continuación.

No os la perdáis. Es magnífica. Es Murakami.

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Reseña

“El cielo según Google” de Marta Carnicero – Acantilado

Al principio no quise preguntar nada“. Así arranca la primera novela de Marta Carnicero, y desde ahí hasta el final no he podido parar de leer esta historia sobre la pareja, sobre los celos, sobre la infidelidad, sobre la paternidad, sobre el hecho de ser hijo, sobre la maternidad, sobre la adopción, sobre la imposibilidad de recuperar el pasado, sobre la importancia de las cosas que nos ocurren, sobre cómo vivimos nuestras vidas mientras Google nos pinta otra realidad, distinta, estable, ficticia.

Una mujer recibe una llamada que le anuncia la inminente muerte de su padre, que la abandonó y al que no ha vuelto a ver desde hace muchos años, mientras que ella misma acaba de sufrir otro abandono, el de su pareja. Los dolores, los recuerdos y las sensaciones se superponen y disparan la novela, los recuerdos, el viaje (yo creo que todos los viajes son de ida) y la vida.

Y por el camino sabremos que no todos son buenos ni malos y conoceremos la historia de sus padres, su amor inicial, la adopción de Naïma, (la narradora) y asistiremos a la lenta degradación de una pareja que se deja llevar. Los celos, las infidelidades y cómo reacciona cada uno. Las batallas, las luchas, la desidia, el lento desangrarse. A mí me ha interesado mucho este estudio de la pareja, una pareja que decide convivir a pesar de todo, por necesidad y por decisión, y la descripción exacta de cada sensación, la ausencia de deseo, la mediocridad, la desidia, el desamor, el dolor, y esa terrible perdida de tiempo que es seguir al lado de la persona equivocada.

Tenemos varios yoes dentro y lo que somos depende, más de lo que parece, del compañero de viaje que nos hemos buscado; nos amoldamos a sus costumbres sin darnos cuenta de que dejamos atrás versiones de uno mismo que quizá otra pareja habría sabido despertar“.

Y por otro lado conoceremos, apenas, tan solo dibujada, la historia del padre. El otro lado. Como si solo fuéramos capaces de salvarnos cuando conocemos ambos lados, cuando somos capaces de ponernos en la piel de los que nos hicieron sufrir y comprenderles, de alguna forma, como si solo esa fuera la forma de avanzar.

Una novela que empieza muy poco a poco y que va cogiendo tono y fuerza hasta construir una historia muy hermosa y muy dura, magníficamente contada, llena de reflexiones valiosas en un viaje interior muy potente, con personajes muy bien dibujados.

Me ha parecido una buena novela (y bien traducida del catalán por parte de Pablo Martín Sánchez).

 

 

Reseña

Ignacio Padilla

En diciembre, Juan Casamayor, editor de Páginas de Espuma, organizó junto con el Instituto Cervantes de Madrid y el Instituto de México, un homenaje a Ignacio Padilla, muerto en un accidente de trafico hace dos años. Páginas de Espuma acababa de publicar “Micropedia”, una tetralogía que, bajo al edición de Jorge Volpi, dan forma a un universo asombroso y único que, en palabras de Juan Casamayor, “es una de las cumbres del cuento en español“: “Las antípodas y el siglo”, “Los reflejos y la escarcha”, “El androide y las quimeras” y “Lo volátil y las fauces”, este último inédito. Además, en el estuche se incluye un cuadernillo con textos sobre Ignacio Padilla escritos por amigos y escritores que lo leyeron y le conocieron, como Alberto Chimal, Santiago Gamboa, Fernando Iwasaki, Andrés Neuman, Edmundo Paz Soldán o Cristina Rivera Garza, entre otros. Una auténtica joya.

El homenaje fue emocionante y, sobre todo, impregnó a todos los asistentes de la esencia de Ignacio Padilla, de su personalidad extraordinaria, de su obra única, del dolor de sus amigos, de la admiración, del desastre que fue ese accidente que nos privó de él. Abrió el acto Luis García Montero e intervinieron Juan Casamayor, Fernando Iwasaki, Juan Carlos Méndez Guédez, Ana Pellicer y Jorge Volpi, moderados por Raquel Caleya.

Al día siguiente hablé con Juan Casamayor y le confesé un asunto que me avergonzaba: “Juan, no he leído a Ignacio Padilla”, y él me contestó “Pues es hora, entonces”.

He empezado por “Las antípodas y el siglo” y me faltan palabras para describir la sensación de entrar en el universo de Ignacio Padilla, la imaginación, la exuberancia, la forma de narrar y de arrastrarte por las páginas como sus personajes se arrastran por desiertos o paisajes desbordados, la falta de aire al terminar cada relato, la alegría, la sensación de plenitud y de emoción. Solo sé que esta puerta que me ha abierto Juan Casamayor ya no se va a cerrar (como tantas otras que me ha abierto, por cierto).

Un hombre que reconstruye en el desierto su ciudad amada, Edimburgo, con sus calles y su castillo, ante la imposibilidad de volver; la lucha contra la muerte y la forma de vencerla de los nativos de Saint Martin que “habrían preferido olvidar la muerte” o “asimilarla hasta apropiársela con un vigor sobrehumano“; la historia del hombre que “concibió la idea de conquistar el Everest mientras agonizaba en un hospital“; la importancia de reconocer y poseer un Hutchinson-Van Neuvel en la batalla; la terrible venganza que infligieron los habitantes de Salisbury al coronel Eyengton, el tedio y el tiempo; la historia del peor sastre del Raj Británico y la convicción de que “el verdadero heroísmo emerge por fuerza en el inmenso trecho que media entre el valor y el absurdo“; el combate entre un santo y el demonio que habitan la misma persona; el paraíso clausurado del psiquiátrico del doctor Talbot, donde la locura no era sino una virtud o una forma de vida; los erilios, con su rastro de harina y humanidad; o la imagen de Lord Gronoham muriéndose de frío mientras abrazaba una litografía de Durero.

El universo de Ignacio Padilla está lleno de mundos extraños que explican el nuestro, de locos en los que nos reconocemos, de viajeros que envidiamos, de muertes soñadas, de gritos, de pasión, de amor. Para mí ha sido un gran descubrimiento. Voy a intentar recuperar el tiempo y dejarme llevar.

Poco puedo aportar yo después de lo que cuentan todos sus amigos y los escritores que le homenajean en esta magnífica “Micropedia”. Solo quería compartir, como lector, con vosotros, la experiencia, la alegría, el disfrute, la emoción, por si queréis seguir mis pasos y lanzaros a devorar las páginas que escribió Ignacio Padilla.

Nos os arrepentiréis.

 

 

Reseña

“Serotonina” de Michel Houellebecq – Anagrama

No puedo evitar leer a Michel Houellebecq. Y me cae fatal. Me parece un misógino y a veces me parece hasta racista, clasista… Y sin embargo luego me doy cuenta de que me está provocando, constantemente, y que estoy cayendo en la trampa. Es canalla, inteligente, provocador, divertido, profundo, y cuando sale el mejor Houellebecq te sumerge en la historia y te termina hiriendo como hiere la buena literatura. No puedes salir indemne de su lectura.

Las novelas de Houellebecq suelen tener una arquitectura parecida: primero te pinta un mundo tremendo en el que parece no haber salida y luego te muestra una pequeña esperanza, una luz a la que agarrarte, para, una vez que has bajado un poco los brazos, golpearte con la fuerza de la desesperanza.

“Serotonina” cuenta la historia de un hombre autodestructivo, solitario y que, sin embargo, tiene la esperanza (por un momento) de encontrar el gran amor, la paz, el sentido, pero que sabe que solo hay una salida. Un hombre que “se está muriendo de pena” y que busca en la química una solución más real y posible, la única forma de sobrevivir.  Está enganchado a un nuevo antidepresivo (“Es un comprimido pequeño, blanco, ovalado, divisible“, así empieza la novela) “que permitía a los pacientes integrar con una facilidad inédita los ritos más importantes de una vida normal dentro de una sociedad evolucionada (higiene, vida social reducida a la buena vecindad, trámites administrativos sencillos) sin favorecer en modo alguno, a diferencia de los antidepresivos de la generación anterior, las tendencias suicidas o de automutilación.
Los efectos secundarios indeseables observados con mayor frecuencia con Captorix eran las náuseas, la desaparición de la libido, la impotencia.

Porque en realidad de eso trata esta novela: de la posibilidad de relacionarse con el mundo, de la posibilidad de encontrar la felicidad, del amor, del deseo, de lo que ocurriría si fuéramos capaces de anularlo, de la imposibilidad de vencer.

Arranca con la certeza de que tiene que dejar de convivir (o lo que quiera que sea eso) con su pareja y con el descubrimiento de unos videos porno protagonizados por ella, con una huida y continúa con el repaso de lo que ha sido su vida sentimental, su búsqueda, sus fracasos y la imposibilidad de volver atrás, y todo ello mezclado con un análisis de la sociedad francesa más actual.

Está llena de referencias culturales, de críticas feroces y divertidas a destacados escritores, lleno de momentos en los que intenta despertarnos a base de referencias al propio lector, de llamadas de atención, de provocaciones, pequeñas y divertidas, y enormes, que nos obligan a movernos en el asiento y hacernos algunas preguntas esenciales. Porque como toda buena novela, “Serotonina” no hace más que plantearnos preguntas.

Hay que leer a Houellebecq.

Reseña

“Nada que no sepas” de María Tena – Tusquets

“Nada que no sepas” es magnífica. Una historia sobre la necesidad de saber, sobre la búsqueda, sobre la imposibilidad de avanzar sin conocer. Sobre lo que sabemos de nosotros mismos y como, al final, la memoria nos construye.

Pero también es una historia sobre el amor, sobre la pareja y cómo se va desagarrando con el tiempo y la rutina.

Nunca se sabe cuál es el momento en que  las cosas empiezan a joderse. No es como cuando la comida se pudre. No hay olor, no hay señales. Pero cuando te das cuenta se ha perdido la pasión y queda ese cariño que tiene el mismo sabor que las galletas deshidratadas de la comida de régimen. Ese afecto blando, gelatinoso, que ya no te sostiene para enfrentar la vida. Algunos no sabemos vivir sin eso: la chispa, el arrebato, ese fervor“.

Es la historia de una mujer que decide volver a Uruguay para saber cómo murió su madre, que tenía tan solo treinta y siete años, una historia que su padre siempre le ocultó. La historia arranca así, con una salida precipitada, las maletas siempre preparadas, como huyendo. Nada se sabe de su madre. Y cuando en Uruguay empieza a preguntar se encuentra con las viejas historias que nunca se han contado, con los secretos que todos sabían, con amistades que han envejecido y tiene que entenderlo todo, buscar, reelaborar sus propios recuerdos, distinguir lo que es verdad, de lo que le cuentan. Y así no solo reconstruye la historia de su madre sino que se encuentra a sí misma, recuerda a su padre, recuerda sus propios miedos, imágenes olvidadas,  la historia de su hermano y desde allí es capaz de entender mejor su historia en España y cerrar el círculo. Es fantástico como María Tena cuenta como la madre tiene que adaptarse al Uruguay de los años 60, viniendo desde una España gris, de posguerra, católica y reprimida, pazguata, para sumergirse en el Montevideo de la alta burguesía, divertido, liberal, un poco de vuelta de todo.  Porque “Nada que no sepas” es también una historia sobre cómo nos marca la educación, sobre como liberarnos de lo que nos ha formado.

Además, el viaje se inicia después de que nuestra protagonista sepa que su marido le ha sido infiel así que, de alguna forma, viaja también buscándose a sí misma, buscando respuestas a su vida, caminos, decisiones. La recuperación de un amor antiguo. La valentía y la decisión de recuperarlo. El descubrimiento del amor cuando ya casi no lo esperas, cuando tienes que salir de la comodidad de la rutina, de los gestos conocidos para volver a sentir la misma pasión. Para liberarte. Aunque nada termine.

Ahora, según pasan los años, me doy cuenta de que nada termina nunca del todo. Ni siquiera con la muerte”.

Me ha parecido emocionante, clarividente. Es verdad que yo estoy muy sensibilizado ahora con el tema de la memoria, empeñado en recuperar la mía, y me veo en cada línea y me reconozco en ese título, tan maravillosamente puesto, “Nada que no sepas”, y, también, en la imposibilidad de saber del todo.

Es tan inmenso el territorio de lo que no sabemos. Todo lo que se queda por decir“.

 

 

Reseña

“Noche que te vas, dame la mano” de Mario de los Santos

Tengo tantos libros que leer que cada vez que me termino uno es un drama elegir el siguiente. Novedades apasionantes, próximos entrevistados, relecturas, inacabados… Tal vez por eso, elegí esta novela de Mario de los Santos (al que no había leído todavía). Porque era una forma de no elegir entre los favoritos, de apostar por esos libros que, aún sabiendo que nos tenemos que leer, se quedan en la estantería de los que leeremos cuando nos jubilemos, esos libros pendientes desde hace tanto tiempo que te llaman desde su lugar en la estantería, que te llenan de culpabilidad, hasta que alguien de quien nos fiamos lo recomienda con tanta pasión que te das cuenta de tu error al instante.

Así que si no lo habéis leído espero que os fiéis de mí, que os deis cuenta de vuestro error y que corráis a leer “Noche que te vas, dame la mano”, que ha editado Candaya, porque es una auténtica joya, una maravilla de principio a fin, uno de esos libros que te deja tan sin aliento, tan buen sabor, a buena literatura, que no te lo puedes quitar de la cabeza.

Y no solo por lo que cuenta, sino también por como lo cuenta. La historia te atrapa desde el principio. Y no sé si desvelarlo, porque desde el capítulo dos es tan sorprendente, que esa sorpresa, esa incomodidad, forma parte del placer de la lectura.

Una novicia que hace lo que haga falta para ganar dinero para la congregación (y he dicho lo que haga falta). Una serie de muertes sospechosas en la congregación. Un hombre que ayuda a la novicia. Una trama corrupta entre la Iglesia y un constructor. Esta es la trama que, aunque parezca de novela negra o policiaca, no tiene la estructura de novela de género sino que es la excusa para contar las vidas de los protagonistas.

Cuatro historias llenas de aristas, de soledad, de dolor, de contradicciones, donde lo importante está en lo más profundo, donde los que parecen malos no lo son tanto, donde aparecen las razones y las pasiones, las pulsiones, los deseos, los sueños incumplidos, la realidad más dolorosa. Donde siempre hay que mirar un poco más allá y tratar de entender. Y dejarte llevar.

¿Quién es esa novicia y por qué está allí? ¿Por qué contacta con un hombre en el exterior? ¿Quién es ese hombre y de qué está acusado? ¿Por qué decide ayudar a la novicia? ¿Quién es el constructor corrupto? ¿Y quién su mujer? ¿Por qué acude a un local de intercambios? ¿Qué busca allí? ¿Es posible el amor, a pesar de todo? ¿Es posible salvarse al fin? ¿Cuánto tienen que ver las pulsiones, los deseos, con esa salvación? ¿Cómo nos marcan las decisiones que tomamos?

Cuatro historias magníficamente contadas, en las que vamos escarbando, descubriendo, que nos llevan cada vez un poco más dentro del alma humana y que terminan hablando de lo que somos realmente, de nosotros mismos.

¡Qué buena literatura!

 

 

Reseña

“EZEQUIEL” de ADOLFO GILABERTE

Lo prometido es deuda.

Aquí está la reseña de la excelente novela de Adolfo Gilaberte, editada por Mármara, que publiqué en mi blog de Antena3.com, TIEMPO DE SILENCIO.

http://blogs.antena3.com/tiempodesilencio/ezequiel-adolfo-gilaberte-marmara_2018012900813.html

Espero que os guste (la reseña, porque la novela os va a gustar seguro).

Reseña

“LA VEGETARIANA” de HAN KANG en :RATA_

Iba a incluir este libro en la categoría “Empiezo con…” pero una vez que empecé a leer no fui capaz de dejarlo: sus doscientas y pico páginas son hipnóticas, brutales, y solo te das cuenta de lo duras que son cuando dejas el libro, levantas la vista y coges aire.

Cuenta la historia de Yeonghye, una mujer que no tiene nada especial, que de hecho es un poco gris, pero que en un momento dado decide dejar de comer carne. Y con esa decisión y con ese miedo se transforma y lo pone todo en duda y, al hacerlo, se tambalean el resto de las estructuras que hay alrededor de ella, su matrimonio, su familia, las vidas de sus familiares, las de sus padres, el sentido de todo, hasta de la vida.

Y en este viaje hay una reflexión sobre la condición de la mujer, tratada como un objeto en la sociedad. La novela está llena de violaciones, de sexo forzado, de lágrimas silenciosas, en un entorno de normalidad, de cotidianidad. De repente una mujer decide hacer algo que nadie entiende y todo el mundo empieza a tratarla como una loca. Yeonghye deja de utilizar sujetador porque hay algo que le oprime y hasta ese pequeño movimiento supone una alteración de la normalidad, inaceptable. Pero la búsqueda es profunda, y dolorosa, aunque hay un momento de plenitud, de libertad, de placer, que evidentemente es cortado de raíz (y nunca mejor dicho).

Hay varias reflexiones muy interesantes en la novela que van conectándose, profundizando, escarbando en la esencia: una reflexión sobre la libertad que va más allá de la libertad de la mujer, de la protagonista, de su hermana, encerrada también en un sistema férreo, o de la madre, sino que alcanza a los hombres que la rodean, también; también hay una reflexión sobre la creatividad, sobre la libertad de crear, de entender, de vivir en otro plano, sobre la dificultad de expresarse y de ser entendido; y hay una reflexión muy profunda sobre la locura, sobre el sentido de nuestra vida, sobre las otras formas de vivir, censuradas, encerradas, tratadas, reprimidas por la normalidad. Y en todas ellas la cárcel del cuerpo, que no es libre, y menos el de la mujer. “Tu propio cuerpo es lo único es lo único a lo que le puedes hacer daño. Es lo único con lo que puedes hacer lo que quieres. Pero ni eso te dejan hacer.

Querer ser un árbol, entender la vida justo al revés que los demás, crecer hacia dentro, pintar los cuerpos de flores, que nos abren y nos penetran, soñar con sangre, con carne cruda, tener algo que te cierra el estómago, querer morir, ser tan libre como para decidir. Huir o quedarse. O sobrevivir.

Me parece una experiencia de lectura extraordinaria, me parece un hallazgo, me parece una gran novela, estructurada en tres capítulos con tres voces distintas, en una historia contada desde dentro, desde las aristas que más cortan, desde el dolor y desde la emoción.

Leedla. Hacedme caso. Aunque se os tuerza un poco un día de playa.

 

 

 

Reseña

“TIERRA DE CAMPOS” de David Trueba – ed: Anagrama

Tierra de campos‘ cuenta el viaje del protagonista en un coche fúnebre para enterrar a su padre en su pueblo, y a medida que viaja va recordando toda su vida, mezclando el pasado con el presente, jugando con el tiempo y con los recuerdos. Es una novela que te va capturando, que va tejiendo ese cuento cuyo final no es feliz (no destripo nada: es la segunda frase del libro), y que no solo cuenta la historia del narrador, del protagonista, sino que además narra también la historia de este país.

Es una novela llena de música, porque el protagonista es un chico que empieza a experimentar formando un grupo con el que tocar en el colegio y poco a poco va profesionalizándose. Por eso la narración está llena de canciones, de versos, de historias contadas a través de los discos que publican, de las canciones que compone. Y por ello también es una novela llena de referencias culturales para la generación de la transición. Para quien le guste la música es un disfrute de principio a fin porque cuenta muy bien los entresijos del mundo de las discográficas y las grabaciones.

Pero también es una novela llena de magníficos personajes. Como el padre del protagonista, brutal, lleno de matices. Gus, el amigo, un ser complejo, divertido, transgresor, sensible, frágil, es espectacular, pero también lo es Animal y cualquiera de los integrantes del grupo. O el gran amor del protagonista, Oliva, y su mujer, la japonesa Kei, los amigos de la infancia del pueblo, convertidos en alcaldes, y hasta el conductor del coche fúnebre. Personajes entrañables, bien dibujados, profundos, llenos de aristas, complejos.

Y sobre todo, ‘Tierra de campos’ es una novela llena de historias, que avanzan, que construyen, llenas de sentimiento, de emoción, de humor, que recorren la vida de los personajes, como en una novela iniciática, y que van dejando el poso de amargura, de melancolía, de las vidas que perdemos, de los lugares que recorremos y a los que tal vez no volveremos jamás, o que cuando lo hacemos han cambiado.

Es una novela llena también de tristeza, llena de reflexiones sobre el amor, sobre la paternidad, sobre la amistad, sobre las cosas que nos construyen, sobre las que negamos, sobre las que nos destruyen, sobre el paso del tiempo, sobre la percepción que nos da la edad sobre lo que hemos vivido.

Y mantiene ese pulso narrativo de David Trueba, esa forma de contar las cosas desde diferentes ángulos, a través de una estructura de capítulos cortos, con un hilo temporal que va cambiando, y que terminan por mostrar el cuadro completo, la imagen precisa de esa vida, donde, por muy lejos que estemos de su argumento, podremos reconocernos muchos de nosotros.

Una estupenda novela. Una bella historia, magníficamente narrada. A mí no se ocurre mejor manera de pasar el próximo puente que sumergirme en sus cuatrocientas páginas. Me lo agradecerán.

(Publicado en http://blogs.antena3.com/tiempodesilencio/)

Reseña

LOS VALIENTES de ROBERTO DE PAZ (ED. SALTO DE PÁGINA)

 

El argumento es apasionante, como es la historia que cuenta: Tirso y David son los hijos de uno de los astronautas que se desintegró en el aire junto con sus compañeros en un transbordador espacial, en su reentrada a la atmósfera. Y esta es la historia, entre otras cosas, de cómo sobrevivieron al accidente, a la muerte del padre, sus hijos, junto con Julia, la madre, la mujer del astronauta, William Gibbon.

Y cada uno lo hace como puede. Julia, la madre y esposa, una física brillante, rompe con su mundo anterior y se dedica a intentar fotografiar al espíritu de su marido, desde el principio, y se pierde entre sus cámaras y el sonido del diafragma cerrándose, periódicamente. David descubre la escalada, el valor de la cordada, y cuando tiene que dejar de escalar, se recluye en un piso patera, donde intenta construir la máquina del movimiento perpetuo. Tirso termina siendo un trabajador social, comprometido, combativo, bueno. Y entre ellos está Helena, la maravillosa Helena, que sufre los malos tratos y la violencia de su padre, y que lleva toda la vida huyendo pero que encuentra en Tirso y en David a su única familia, que busca el amor y la ternura, pero casi siempre lo único que ha encontrado son golpes.

Pero lo extraordinario de esta novela es cómo están contados esos personajes, con la pasión, con la precisión que están cincelados, las escenas poderosas, cómo está contada la historia, y cómo la estructura no lineal de la novela nos va llevando atrás y adelante para explicarnos porqué los valientes son los que deciden huir, los que deciden enfrentarse pero comprometiéndose, los que de verdad quieren cambiar las cosas.

Porque la novela habla, sobre todo, de eso: de la utopía, de lo que podríamos haber construido y no hemos hecho, de la especie tan destructiva que somos y de cómo es posible la libertad. Y lo hace a través de los sentimientos de los personajes, de las luchas, de la profundidad de la desesperación, y aún así, del valor. Es una novela dura, llena de dolor, de sufrimiento, de pena, pero también llena de esperanza. La primera parte de la novela es fantástica.

Además, la novela cuenta la historia de Rudo, un hombre que desde muy joven ha buscado la utopía. Y lo ha hecho de verdad, emprendiendo viajes alucinantes en busca de lugares legendarios donde podía darse una sociedad libre, social, justa. Y recorre el mundo para terminar en un piso de Madrid, haciendo un butrón para acceder a un cine abandonado y creando el Club de los Oficios Inútiles.

Por eso no puedo dejar de recomendar que os dejéis llevar por la utopía y antes de huir, como los valientes, hacia una sociedad posible, más justa, antes de que el mundo, tal y como lo entendemos, se acabe y termine por destruirse, os leáis esta novela tan especial, y la disfrutéis tanto como la he disfrutado yo.